18 jun 2011

INTERVENCIÓN EN DESADAPTACIÓN SOCIAL

Comenzaré a analizar la lectura de Guasch y Ponce con unas cuestiones que se plantean en la misma: hablando de los “ocupas” ¿son personas desadaptadas, que no respetan las normas sociales y de convivencia? O ¿son personas que luchan por un derecho humano básico?; o un trotamundos, ¿Es un inadaptado que no encaja en la sociedad o es alguien que ha elegido una vida diferente a la de la multitud?.

Opino que, desde el marco de los diferentes criterios que marcan la desadaptación, como son el conjunto de normas, culpar a las aptitudes de los sujetos o el referente cultural (imponiéndose las mayorías a las minorías), se sigue culpando demasiado al individuo, queriendo implantar el pensamiento de “el individuo inadaptado, lo es porque quiere, porque no le interesa ser como nosotros”… Este discurso viene dado en la mayoría de las ocasiones desde las posiciones superiores en la sociedad, que piensan que, como ellos son lo mejor, lo más, la repera… el que tenga otras capacidades, circunstancias vitales o costumbres, siempre será menos.

Pienso que en muchos casos la desadaptación se da, como afirma Lobrot (1972) cuando las exigencias esenciales de los individuos, que varían mucho según las épocas y que dependen en gran parte del nivel general de la colectividad, no son satisfechas.

Durante la lectura, se afirma que la forma de intervención con las personas inadaptadas, ha ido evolucionando, pasando de una fase represiva, de beneficencia después, también la terapéutica, trabajo de casos, y el comunitario, aunque estos avances se dan sobre todo en los países anglosajones, y hay que reconocer, que a partir de los años 80 se vuelve a utilizar la represión para paliar los problemas de desadaptación.

Cuando mis compañeros y yo opinamos, racionalmente, que la intervención desde la educación social se debe fundamentar en el trabajo individualizado y con el entorno de las personas, desde un prisma de los derechos humanos, y trabajando el ámbito comunitario con acciones protectoras, estamos en lo cierto, pero también debemos tener en cuenta que estas actuaciones se han empezado a implantar, hace relativamente poco tiempo, pues hasta los años 80 prevalecía, bajo una dictadura en nuestro país, los tratamientos represores y puramente asistenciales.

Es por eso que, la misión de los educadores sociales también está en la de intentar actuar en un plano más extenso al de la intervención con las personas y comunidades, centrándose n concienciar a todas las administraciones gubernamentales para que las leyes que se promulguen (en relación a menores en situación marginal, adultos en sin trabajo, con dificultades relacionales, mujeres en situación de riesgo, etc.) se basen en la protección de las personas, la búsqueda de sus potencialidades, de ofrecer oportunidades y de una puesta en común de los organismos que actúen con las personas inadaptadas, (ya sea en el terreno preventivo, de intervención, o penitenciarios).

Para finalizar, opino que de los modelos de Intervención ante la desadaptación, sólo cabría desechar los modelos de Castigo-control, y el de tratamiento, que aseguran, una que las conductas desadaptadas han de pagarse mediante el castigo ya que el individuo siempre está dentro de su elección racional y es responsable, y la otra que la conducta desadaptada es un síntoma del sufrimiento de alguna patología. Sin duda, estos postulados están obsoletos, pero debemos hacer examen de conciencia en nuestra sociedad, ya que la cárcel sigue siendo una institución castigadora de algunas conductas desadaptadas, y, más que centrarse en un modelo de bienestar social, o de desarrollo, se centran en la culpabilidad del individuo.

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