
La exposición que realizaron mis compañeras sobre el absentismo escolar el 16 de marzo me pareció interesantísima. Pude descubrir conceptos nuevos, como que hasta el siglo XX no existió la primera ley que protegiera a los menores, o que algunos factores de riesgo que afectaban a este colectivo es el de que los padres hubieran sufrido malos tratos cuando eran pequeños, (aunque si te paras a pensar, es algo lógico.)
El desarrollo de la sesión fue muy ameno, explicando las características psicosociales, familiares y sociales del colectivo, así como con la dinámica de “los papeles que se entendían y los que no”, que rompía una lanza a favor de que había que normalizar la enseñanza, ya que los niños pueden dejar de ir a clase por el hecho de que no entiendan nada de lo que les explican, porque no se den adaptaciones curriculares adecuadas a cada entorno.
Uno de los aspectos que más me impactó, a parte de la entrada de Grafito (muy buena), fue algo que me hizo reflexionar bastante… “El absentismo es un tipo de maltrato”.
Opino que desde la educación social, se deben poner todos los medios para que los padres se conciencien de que están maltratando a sus hijos cuando los dejan dormir en casa, que les están cerrando puertas a su desarrollo social, privándolos de derechos y conocimientos, y actuando de manera negligente. La forma en que deberíamos actuar los educadores sociales es darle la dramatización que realmente se merece al hecho de que la ignorancia de unos padres se torne en maltrato, y se reproduzca también en la ignorancia de los hijos, y aclamar este pensamiento en todos los ambientes sociales, para que vean a esos padres como maltratadores; Es la cruda realidad.
Además, me resultó interesante la medida que se nos mostró del Servicio Despertador del Trabajador Social en Málaga, pero discrepo de la utilidad que pueda tener la medida adoptada en Cádiz, que opta por sanciones de 90 euros a los padres de los niños que falten 5 días seguidos sin justificar; pienso que esa medida está obsoleta, porque no se basa en la educación o en la captación de valores, sino en la actuación castigadora y coercitiva, que ya se sabe que a la larga no obtiene buenos resultados en la educación social.
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