La exposición del 6 de abril me pareció fenomenal, con un enorme nivel de originalidad difícilmente superable, y también con mucha información relevante e interesante.
Pude comprender que hay diferentes tipos de retraso mental, como la parapesia, la epilepsia crónica, la parálisis cerebral, el síndrome de Asperguer… Durante el transcurso de la ponencia, Israel era borderline, Elena autista, y Jill representó el síndrome de Asperger, mientras que Schaula actuaba como una niña que se reía de las personas con discapacidad.
Me gustó mucho la dinámica en la que participé, pues yo actuaba como si fuera una persona con discapacidad intelectual, y las personas de mi entorno me trataban de forma diferente, decían que solo servía para llevar carros en el trabajo, que no podía jugar a fútbol, que mis actividades sólo deberían ceñirse a manualidades, o la posición de mi madre, que afirmaba que lo mejor para mi bienestar era que me quedara en casa con los primos, para que no me vea la gente de la calle y pueda hacerme daño.
Desde la educación social, día a día debemos cambiar el concepto de que el enfermo mental es diferente, que hay que cuidarlo y acariciarle como si fuera una mascota… Empezando por la familia, la escuela, y pasando por los medios de comunicación, y los grupos de iguales, debemos instaurar el pensamiento de que una persona con retraso mental también tiene derecho a desarrollarse libremente, en el plano familiar, relacional, de empleo, de ocio, etc.
Pudimos comprobar las deficiencias de la Ley de dependencia, que propone construir un sistema nacional de atención, en situaciones de vulnerabilidad, actividades De vida diaria y más autonomía en estas personas, además de un carácter público de las prestaciones, servicio de teleasistencia, atención residencial, etc., que todos sabemos que funcionan bastante mal;
Por eso, en este aspecto, me pareció una apuesta fantástica, las subvenciones que se dan por ejemplo a las empresas que contratan trabajadores con un grado de discapacidad intelectual, porque, pienso que es la única forma de que los empresarios puedan concienciarse, a base de dinero… es así de duro, y es lo que hay.
En referencia a nuestra labor como educadores sociales, se basa principalmente en servir de acompañamiento y fomentar la participación de la persona con discapacidad intelectual, así como informar y sensibilizar al entorno, para que intenten conocer de cerca cada una de las diferentes características que pueden tener estas personas, y que se abandonen los típicos clichés que hay establecidos en la sociedad acerca de los enfermos mentales.
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